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Apañadas en el Malpaís de la Corona

 

   

Por  Manuel Antonio Berriel Perdomo

 

n cuando tantos problemas hay en el mundo actual, y, concretamente en la isla de Lanzarote, de todo tipo: económicos, políticos, educativos, culturales, laborales, retroceder al pasado, hurgar en la historia de un pueblo, en hechos concretos de la actuación y forma de vida de su gente, pudiera parecer una irresponsabilidad, un mirar otro lado, pero, sin embargo, hemos de tener en cuenta que cualquier hecho pasado debe servir siempre como experiencia para la acción presente y su proyección al futuro, verse con cierto interés, sin dejar de mirar a la situación actual.

Con curiosidad intentamos entrar en lo que se ha llamado "La Apañada", en su objeto, en el momento histórico en que existe esta figura en el municipio de Haría, lugar donde se desarrolla y su reglamentación.

Apañada viene de apañar. En sentido general significa recoger y guardar algo, y en sentido vulgar el de apropiarse de algo, el agenciar o reunir con cierta avaricia.

La apañada en el contexto de la ganadería:

La apañada se presenta tradicionalmente como una costumbre de pueblos ganaderos, consistente en la acción de reunir y marcar el ganado en unas fechas determinadas del año, ganado que permanecía en libertad en una situación que podría considerarse semisalvaje y en unos parajes concretos: Dehesas, malpaíses, majadas, etc.

En Canarias, con una importante sociedad agrícola-ganadera (complemento una de la otra), ha existido esta actividad, según constancia escrita en las islas de El Hierro y Fuerteventura. En esta última se siguen celebrando cada año, reuniendo los propietarios las cabras, recogiendo las crías, contando las cabezas de que dispone, a los que imponen sus respectivas marcas.

Remontándonos a tiempos pasados, podemos leer en los acuerdos del Cabildo de Fuerteventura, (estudio de Roberto Roldán Verdejo y Candelaria Delgado González, del Instituto de Estudios Canario), diversas y constantes referencias a las apañadas. Puede citarse, entre otras, las siguientes:

- Por acuerdo de 16 de febrero de 1620, ante los grandes daños producidos y contramarcas en el ganado camellar de la isla, mandaron acorralen todos los camellos en el corral de El Roque, el día 20, para lo que se encarga haga la apañada por la parte de Guise a Juan Rodríguez Perdomo, quien registrará el ganado manso y hará traer el cerrero.

- El 19 de septiembre de 1622 se acuerda que los vecinos criadores de camellas mansas y cerriles se la parte de Guise apañen dicho ganado, acorralándolo en el barranco de Amantín y los de Ayose se apañen en el corral de San Roque.

- En el legajo 6, f, 363, 1 de enero de 1726. Villa de Betancuria: "Acordaron se hagan a su tiempo las apañadas de las camelias, asnos y ganado vacuno, según la costumbre antigua, para reconocer la cantidad que cada uno tiene y las marcas, y que lo guanil (ganado sin marcar) lo perciba este Cabildo por pertenecer a los propios. Se nombra de veedor de dichas apañadas al alférez Melchor Pérez Sanabria".

Parece que esta actividad dentro del mundo ganadero era una constante en todas las islas, como medio de evitar los daños que podrían producir en los cultivos un cierto número de animales, a la vez que situados en libertad en una zona determinada les permitía mantener el control de la propiedad sobre ellos y sus crías, con las correspondientes marcas y recuento en épocas previamente señaladas.

Todo ello nos lleva al planteamiento de si en Lanzarote también tenía lugar la apañada.

El Malpaís de la Corona:

No disponemos de noticias acerca de si este acto de recogida y marcaje del ganado se llevaba a cabo en otro lugar de la isla que no fuera el Malpaís de la Corona, del que ha habido una ya lejana tradición oral y una documentación escrita, a la que luego haremos referencia.

Es preciso hacer una consideración previa sobre el Malpaís de la Corona. Actualmente cuando se habla de este lugar, que se extiende prácticamente desde Arrieta y Punta Mujeres, por la Costa, hasta Orzola y hacía el interior por las Quemadas, Las Cuevas, el Raso, los Laj ares y la Corona, aunque limitado propiamente en este caso a los que es estrictamente terreno volcánico, pensamos en el lugar de ubicación de los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes, además de la pesca en su costa y las pequeñas playas y calas de baño.

El Malpaís de la Corona, integrado en su mayor parte, salvo algunas propiedades particulares, por un "bien comunal", es decir, pertenecientes a los vecinos del Municipio de Haría y administrado por el Ayuntamiento, carácter que mantuvo hasta principios de los años sesenta, en que se transformó en patrimonial o de propios del Ayuntamiento, a raíz de la construcción de los Centros Turísticos por el Cabildo de Lanzarote, ha tenido una estrecha antigua e importante vinculación con los vecinos de dicho municipio.

Cabe citar como fundamentales especialmente dos: la extracción de material para la construcción de las viviendas, singularmente las más antiguas, y el corte de leña, concretamente las tabaibas, su marcaje para preservarlas e identificarlas durante el período de secado y su posterior transporte. Existen documentos gráficos de descarga de camellos con este material ante las panaderías que entonces disponían de hornos de leña, operación que podía observarse aún en los primeros años de la decada de los cincuenta del pasado siglo XX ante las panaderías de Zenón Casanova, frente al Ayuntamiento, y en la de Emilio Luzardo en la calle la Cilla, que va hacía la Cruz y la Aldea de Máguez, mientras algún que otro chiquillo recogía el latex ya seco, a manera de chicle.

Otras actividades relacionadas con el Malpaís de la Corona eran la pesca y marisqueo en toda su costa, (compaginado aún en los años treinta del siglo pasado con el corte y marcaje de la tabaiba en fincas privadas del Malpaís), la cacería de conejos y pardelas, la agricultura, particularmente la viña, en la zona norte y oeste, las tuneras y otros cultivos, en la franja de las Quemadas y Punta Mujeres y en los limites de Orzola, y además la ganadería en estado de libertad, como puede verse aún en los alrededores de esta localidad, junto a la carretera antigua y en las proximidades del Caletón Blanco.

La actividad ganadera nos lleva a la "apañada" propiamente dicha.

El Ayuntamiento de Haría aprueba un proyecto de Ordenanzas municipales en sesión de 17 de octubre de 1904, encontrándolo "conforme y arreglado a las necesidades de la población", como consta en el certificado del Secretario Don Luís Pié Rosas, con cuarenta artículos. Se acuerda formular este proyecto de Ordenanzas por el Ayuntamiento, como indica en su preámbulo, "en consideración a las muchas y repetidas quejas que se le dan por la mayoría de los vecinos y para arreglar los abusos que se están cometiendo, y someter a la superior aprobación del Gobernador Civil de la provincia", quien da su aprobación en Santa Cruz de Tenerife el 26 de noviembre de 1904. (En ese momento Canarias constituía una sola provincia, con capital en Santa Cruz de Tenerife. La división provincial, con el nacimiento de la de Las Palmas tuvo lugar en 1927).

Entre las materias objeto de regulación por estas Ordenanzas se encuentra dentro del Capítulo IV.- Policía Rural, artículos 22 y 23 las normas relativas al aprovechamiento de pastos dentro del término de "Malpaís" y, concretamente lo referente a las apañadas.

Normas a observar: Señala el art. 22 que el "régimen que se habrá de observar, para el aprovechamiento de pastos por los ganados cabrios y lanares que por los vecinos se pongan en el término de "Malpaís", será el siguiente: (lo desarrolla en seis apartados).

El primer apartado establecía la prohibición de entrada con perros y escopetas para cazar, salvo los días de apañadas para valerse de estos animales, señalando: "Queda prohibida, cual ha estado, la entrada por persona alguna, con perros y escopetas dentro del referido término, ya sea con el objeto de cazar conejos u otros animales, ya con otras intenciones, a excepción de los días señalados para las apañadas, que los apañadores podrán llevar perros para el objeto de auxiliar aquellas".

En el segundo apartado se concretan las "apañadas ordinarias", la obligación de asistencia personal o mediante representación, lugar de reunión para iniciar la apañada, obligación de auxilio, Comisión de ganaderos, composición y facultades. Cada uno de estos aspectos los regulaba de la siguiente manera:

* Habrán solamente dos apañadas en cada mes, que serán: Una el día quince y otra el fin de mes, teniendo obligación los ganaderos interesados en la apañada de concurrir todos personalmente, y en caso de imposibilidad por parte de alguno, éste deberá designar una persona que concurra en su representación.

* Todos los ganaderos interesados en la apañada, están obligados a auxiliar la misma, los cuales el día señalado para efectuarla, deberán reunirse en el Callejón de entrada del término, donde denominan "Las Cuevas", a la hora de la seis de la mañana, no permitiendo entrar a unos por una parte y a otros por otra. Una vez reunidos los interesados, la Comisión de ganaderos designada, que previamente lo será en cada apañada, por la autoridad local, y estará compuesta de dos individuos, determinará la forma en que han redistribuirse los apañadores para obtener el mejor éxito, no permitiéndose en ningún caso que una vez terminada la apañada se quede dentro del expresado término individuo alguno que lleve perro.

El tercero apartado se refiere a la caza de conejos y pardelas, que solo se permitía previo permiso de la autoridad local, si lo consideraba conveniente, con la condición de que el solicitante sería responsable de los daños y perjuicios que se causen en los ganados de dicho término.

El apartado cuarto contempla la "apañada extraordinaria", señalando que si a ajuicio de los ganaderos interesados fuere de necesidad llevar a cabo alguna otra apañada extraordinaria, podrá llevarse a efecto siempre que lo soliciten la tercera parte de aquellos, previa la autorización de la autoridad local, y se llevará a cabo en la forma y condiciones establecidas para las apañadas ordinarias.

El apartado quinto determina quien resolverá las dudas que se presenten a la hora de marcar las crías, estableciendo que si en la época de marcar los ganaderos las crías de sus respectivos ganados, se ofreciere alguna duda, en cualquier sentido, respecto a estas, la resolverá la Autoridad local, oyendo a las partes litigantes, o interesadas.

El apartado sexto y último de este artículo fija algunas prohibiciones a particulares y propietarios de fincas colindantes de actuaciones que puedan afectar al ganado del término de Malpaís, en este sentido:

- Queda prohibido en absoluto se arrojen dentro del término, por ningún propietario o particular, tuneras u otras cosas que inciten a salir de él a los ganados.

- Queda prohibido derribar paredes, quedando obligados los propietarios de las fincas colindantes a conservar las paredes que existan, a la altura de dos metros.

De infringirse estos preceptos, además de la multa que señala el artículo 23, será responsable del daño que causen los ganados en cualquier propiedad, y a la composición de las paredes que hubiere derribado.

A la sanción aplicable se refiere el artículo 23, estableciendo que incurrirá en la multa de cinco a quince pesetas los que infringieren los preceptos establecido en los números 1,2,3, 4 y 6 del artículo 22, reseñados anteriormente.

La tradición oral y la regulación reseñada parecen confirmar que en el Municipio de Haría, concretamente en el entonces Bien comunal del Malpaís de la Corona, tenía lugar las actuaciones referentes a "Las Apañadas", ordinarias o extraordinarias, en la forma, tiempo y con las obligaciones indicadas, pendiente de un estudio, que resultaría desde el punto de visto histórico sumamente interesante.

Diciembre de 2009

 


 
 
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Autores:  Oscar Torres  y  Jesús Perdomo